SANTA CATALINA

Cuando llegué de Valencia

pensé en Santa Catalina;

no en Catalina de Siena

sino en la de Alejandría.

¿Era 1.511?

Yo, Yañez de la Almedina,

Fernando para más señas,

inspirado me sentía

y con su dulce belleza

la pinté con maestría,

con el rostro delicado

y vestimenta muy rica.

Puse su mano en la espada

y su mirada tranquila

posada sobre la rueda

a la que ella vencería;

con un colgante divino,

túnica de seda fina

con estampado mudéjar.

Mostré su sabiduría

poniendo un libro en el muro;

la palma que tiene encima

es símbolo del martirio

que truncó su joven vida.

Taller Literario