
Desde aquel marzo de 2020 hasta hoy, se han implementado medidas para prevenir la propagación del covid-19, donde el foco preventivo estuvo en cuidar y preservar la salud física de la sociedad. Pero en todo este tiempo que llevamos de pandemia, se ha observado que tanto en los adultos como en los niños, esta enfermedad ha tenido un gran impacto a nivel emocional, donde en el caso particular de los niños, este contexto donde aún predomina la incertidumbre, ha generado cambios en sus estados emocionales, como ser: angustia, irritabilidad, frustración y/o miedos, así como también cambios conductuales, a raíz de que sus rutinas se han visto alteradas por la pandemia.
Esta otra “cara” de la pandemia, la de la salud mental, es la que hoy como adultos tenemos que prestar mucha atención para poder hacer todo lo que este a nuestro alcance en pos del bienestar emocional de nuestros hijos. En ese sentido, tenemos que tener presente que la salud es importante comprenderla de manera integral, siendo la salud mental un factor sumamente importante para el desarrollo de todos los niños. Refiere a un estado de bienestar emocional, donde nuestra función como padres, es fundamental, ya que mediante los recursos que podremos brindarles desde los primeros años de vida, les permitirán manejar los desafíos físicos, emocionales y sociales que se les presentará a lo largo de la vida. En ese sentido, las experiencias en los primeros años de vida, tienen un impacto crucial sobre la salud mental de la vida adulta, por lo que desde edad temprana es importante propiciarles, de la misma manera que atendemos su salud física, las condiciones y los recursos necesarios para que desarrollen habilidades emocionales, como por ejemplo: aprendan a conocer, identificar, comprender y gestionar sus emociones.. Para ello, nosotros, sus adultos referentes, tenemos que atender y cuidar nuestra propia salud mental, ya que la salud de nuestros hijos se desarrolla y se sostiene en la salud mental de su entorno. Nosotros, somos sus principales modelos de aprendizaje por lo que resulta fundamental poder “habilitarnos” sentir todas las emociones, aprender a registrarlas, comprenderlas y ser conscientes de cómo reaccionamos antes ellas, porque ellos tenderán a reproducir los mismos patrones de respuesta que los nuestros.
Y así como nosotros, tenemos la oportunidad de cuidar nuestra salud mental en lo cotidiano de nuestro día a día, como por ejemplo hacer actividades que nos generen disfrute, realizar algún deporte, tener amistades con las cuales podamos confiar y compartir nuestras emociones, nuestros hijos necesitan de nuestra guía y acompañamiento diario para poder desarrollar recursos y estrategias que les permitan cuidar y atender su propia salud mental.
En nuestras manos se encuentra la gran labor de mantener y preservar la salud mental de cada uno de nosotros.
Equipo San Dámaso
Extracto revista Ámbito



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