23 de abril «DÍA DEL LIBRO»

23 de abril «DÍA DEL LIBRO»

 

 Los cuentos son mágicos.

 Lo comprobamos desde el primer cuento que leemos a los niños. Bruno Bettelheim  decía que “los cuentos dotan a los niños de imágenes, símbolos y mitos con los que  pueden entender y hablar sobre su mundo, pudiendo así compartir sus experiencias  y necesidades con los miembros de su propia cultura”.

 Al aprender las formas narrativas, poéticas, dramáticas, etc. los niños adquieren un  vehículo para expresarse. Los cuentos conectan su mundo interior y la realidad  exterior a través de un universo en donde se pueden probar y ensayar sentimientos,  emociones e ideas. De esta manera los niños pueden arriesgarse a sentir y actuar  sin dejar de ser ellos mismos.

 Gianni Rodariexplicó que «el niño, en las estructuras del cuento, contempla las  estructuras de su propia imaginación y, al mismo tiempo, las fabrica, construyéndose  un instrumento indispensable para el conocimiento y el domino de lo real».

 Leer es volar

Es salirse de uno mismo para encontrar lugares lejanos, personajes distintos con los que identificarse, con épocas lejanas o futuras… La lectura es, asimismo, la puerta de entrada de cualquier conocimiento, sin necesidad de tener a una tercera persona que haga de intermediaria o maestra.

 La lectura abre un acceso libre al mundo.

El papel del adulto es el de animador de hábitos de creación.

Los maestros y los padres generan contextos de creación plástica, afectiva, cognitiva, etc.,

de manera que los niños no son sujetos pasivos de recepción de mensajes, sino que producen cultura y valores.

El adulto es un modelo a seguir. Los niños imitan sus movimientos, su tono de voz, sus expresiones… Por ello no solo hay que escoger historias de calidad, sino también ricas en matices, cuya lectura en voz alta juegue con voces, gestos, entonaciones… Mientras mayor sea la implicación al contar la historia, mayores emociones provocará en los niños, mejor se comprenderá la historia y la identificación será más profunda.

En las aulas y en las casas debe haber libros a mano que los niños puedan manejar individualmente o compartir «leyéndoselos» unos a otros.

Además, el adulto debe encontrar momentos para leer a los niños en voz alta, para compartir historias, no solo cuentos infantiles, sino también libros más largos, por capítulos, en los que la historia se corte y se retome en otro momento. De este modo, el niño puede hacer un ejercicio de imaginación, pensando en el desarrollo de la historia, y querrá volver a sentarse para seguir leyendo.

Como ya señalara Borges: «De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria».

cp.garcialorca.leganes

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