HISTORIA DE NUESTRO CENTRO
PALACIO DE LA QUINTA DEL DUQUE DEL ARCO
El Palacio de la Quinta, construido en el siglo XVII, es Monumento Nacional desde 1935. En las tierras donde ahora está el Palacio existía una casa de labor, que fue adquirida por el Duque del Arco en 1717 y que más tarde, al morir el duque, pasó a manos de Felipe V.
La historia de España ha querido hacer honor y nombre a este Palacio, ya que el Presidente del Estado, Manuel Azaña, vivía en el Palacio de la Quinta justo en el momento en que Franco daba su Golpe de Estado.

Al acercarnos al Palacio tendremos la suerte de contemplar unos maravillosos jardines, restaurados hace muy poco tiempo. Se componen de cuatro grandes terrazas, fuentes, esculturas y una serie de plantaciones de setos que se acercan mucho al estilo de jardinería francés e italiano. El interior está compuesto de diferentes salones y salas de recepción real, y destaca por las paredes decoradas con papeles pintados en Francia en el siglo XIX.
Además de estos papeles pintados, hay una brillante colección de muebles, lujosas alfombras y la colección de pinturas de Carlos V. Tampoco podemos olvidar que en su interior se puede contemplar el famoso

HISTORIA DE LA QUINTA
El Palacio de la Quinta tuvo su origen en la Quinta de Valrodrigo, una casa de labor que compró el Duque del Arco, Don Alonso Fernández Manrique de Lara y Silva, Toledo y Vicenteleo de Leca, Conde de Montenuevo, Fuensaldaña y Montehermoso (íntimo cortesano, Montero Mayor de Felipe V y Alcaide del Pardo) en 1717.

Desempeñó también, por designación real, el cargo de alcaide de El Pardo, la Zarzuela y la Torre de Parada. Los reyes de España le tenían en gran estima. Motivos no les faltaban.
Se cuenta que en una cacería salvó la vida de Felipe V al dar muerte a un jabalí herido que se dirigía a embestir al monarca. En otra cacería, la reina Isabel de Farnesio se cayó cuando iba a galope, siendo arrastrada por el caballo con el pie sujeto por el estribo. Gracias a la rápida ayuda del Duque de Arco la reina pudo liberarse de la presión del estribo.
Sobre la finca de Valrodrigo se edificó una quinta con sus respectivos jardines. Poco después de la muerte del Duque, acaecida en mayo de 1737, su viuda cedió la finca a los reyes de España, aunque la donación no se hizo efectiva hasta julio de 1745. Entonces el jardín contaba con 926 frutales y 116 naranjos, además de escaleras, balaustradas, jarrones, fuentes y cascadas.

Durante los siglos XVIII y XIX los trabajos de restauración del edificio y las nuevas plantaciones en el jardín no cesan, lo que demuestra el interés que tuvieron diferentes monarcas por mantener en buen estado el recinto de la Quinta.
En 1929 y 1939 fue residencia del entonces Príncipe de Asturias, Don Alfonso de Borbón. Con la proclamación de la II República, por Decreto de 3 de Junio de 1931, los jardines de la Quinta de El Pardo fueron declarados de interés histórico-artístico.
ENTORNO GEOGRÁFICO Y SOCIAL
En las proximidades de la ciudad de Madrid, al sureste del monte de El Pardo, se encuentra la Quinta. Se trata de una casa de campo con huerta, casa de labor y jardín, que se asienta sobre una pequeña colina y está rodeada por viñas, olivos y moreras. La combinación entre el jardín y la explotación agrícola está sabiamente conseguida.
Lo primero que sorprende en sus jardines es el hecho de que no mantengan ninguna conexión espacial con la arquitectura de la villa. Los jardines de estilo francés, pero de claras reminiscencias italianas, se articulaban en cuatro niveles diferentes, que se suceden a lo largo de un único eje.

En un primer nivel se dispone un estanque, que embalsa el agua para el riego de todo el jardín. El estanque está cerrado en semicírculo por muros de contención en los que existen 12 hornacinas, que originalmente albergaban otras tantas estatuas. Las restantes terrazas estaban organizadas en cuadros de boj adornados con flores y ordenados en función de las fuentes.
En la actualidad, la plantación de las grandes wellingtonias, dos de las cuales se alinean con el eje principal de los jardines, interrumpen la perspectiva del eje visual. En el segundo nivel destaca una cascada de inspiración francesa y realizada con piedra blanca de Colmenar, que incluía un interesante programa escultórico, actualmente desaparecido.
Y en medio de todo esto está el colegio más bonito de Madrid, La Quinta.

