Hedy Lamarr

Autobiografía de Hedy Lamarr

Me llamo Hedwig Eva Maria Kiesler, aunque la gente me conoce como Hedy Lamarr. Nací el 9 de noviembre de 1914 en Viena, en el seno de una familia judía. Gracias a mis padres, Emil y Gertrud Kiesler, durante mi infancia pude asistir a los mejores internados de Austria y Suiza en los que, modestia aparte, destaqué entre mis compañeros. Además, desde bien pequeña pude disfrutar de las obras de música que mi madre reproducía al piano en casa, a la par que asistía a clases de danza, lo que me permitió conocer y amar de lleno el mundo de las artes. Seguramente por todo ello, tras comenzar mis estudios de ingeniería, decidí que mi futuro debía estar relacionado con este ámbito, más en concreto, con el mundo de la interpretación, y los abandoné.

Tras largas negociaciones con mis padres, conseguí trasladarme a Berlín para matricularme en la escuela del famoso director de cine y teatro Max Reinhardt. Después de varios años de formación, volví a Viena para, al fin, aparecer en la gran pantalla. En 1932 se estrenó la película Éxtasis, la cual generó un gran rechazo en el público, pues era la primera vez que una mujer, yo misma en este caso, aparecía en una película completamente desnuda. Sin embargo, Fritz Mand, un empresario de la industria armamentística de la época, quedó completamente prendado de mí. A pesar de mi oposición, él y mis padres acordaron que me casara con él. Es en este momento cuando mi vida comienza a ser un verdadero calvario.

Mi carrera artística se para y empiezo a vivir en una auténtica jaula de oro. Tenía todas las comodidades y lujos posibles en la residencia de Salzburgo donde me alojaba con Fritz pero, pasé a ser una criada para él. Para poder evadirme de la situación que tenía en casa, decidí retomar mis estudios de ingeniería. No obstante, la continua obsesión de Fritz por tenerme vigilada llevó a que llegara a asistir a muchas de las reuniones que mantenía con los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial. De esta manera, pude adquirir un gran conocimiento de los recursos armamentísticos con los que contaban Hitler y Mussolini, y que en unos pocos años me servirían para ayudar a parar el avance del fascismo.

Tras varios años cansada de vivir continuamente vigilada y sometida a mi marido, conseguí escapar de él y llegar a Estados Unidos. Retomé mi carrera artística, y allí me convertí en una de las actrices noveles más conocidas de los años 30. Conseguí un contrato con la MGM y pase a trabajar en grandes producciones y bajo la dirección de algunos de los mejores directores que ha habido nunca, como Cecil B. DeMille.

Desafortunadamente, a finales de esta década estalla la guerra más mortífera que ha tenido lugar. Teniendo en cuenta que mi familia era judía y que era conocedora de las prácticas de los nazis durante mi matrimonio con Fritz, decidí que tenía que utilizar mis conocimientos de ingeniería para frenar a las potencias del eje.

Seguro que todos vosotros conocéis las redes Wifi y bluetooth. Pues mi aportación fue esencial para que hoy en día podáis usar ambas. Con el objetivo de que los nazis no interceptaran los torpedos del bando aliado, y que, por fin, mi madre pudiera trasladarse de forma segura a Estados Unidos desde Londres, pensé en diseñar un sistema secreto de guía por radio de frecuencia variable, de forma que para poder interceptarlo era necesario tener una clave que solo conociesen el emisor y el receptor. Tras patentarlo y ofrecérselo a los Estados Unidos, ignoraron e infravaloraron mi invención pues ellos mismos afirmaron que no era una tecnología útil. Además, el hecho de que la patente no estuviera a mi nombre artístico sino a mi nombre de casada, con el apellido de mi marido, hizo que el invento no tuviera la suficiente trascendencia y quedara un tiempo en el olvido. Por otro lado, aún no había una implementación de sistemas electrónicos, ya que en aquella época los sistemas eran mecánicos. Por suerte, unos años después una empresa fue capaz de realizar la transición de sistema mecánico a electrónico y reconoció por completo la patente que había diseñado junto al compositor G. Antheil. Como podéis ver, fueron dos personas dedicadas a las artes las que desarrollaron en un primer momento esta tecnología, que entre otras cosas, permite que puedas estar leyendo esta autobiografía sentado en el salón de tu casa con la Tablet o el móvil en la mano.

El primer uso de mi tecnología se realizó durante la crisis de los misiles en Cuba. Para aquellas personas que no sepan que ocurrió en aquel momento solo puedo decir que fue uno de los momentos en los que el planeta ha estado más cerca de sufrir un apocalipsis nuclear. Por suerte la diplomacia consiguió evitarlo. Más adelante también se adaptó su uso en la guerra del Vietnam y para el desarrollo del sistema de defensa de satélites. Finalmente, en la década de 1980 se empieza a utilizar a nivel civil, llegando al desarrollo del WIFI tal y como lo conocemos a día de hoy.

Hice más contribuciones, tenía una mente inquieta y nunca deje de plantearme como resolver los problemas que podía encontrarme. Aunque no sean tan famosas y reconocidas como el desarrollo primario del wifi, también creé un semáforo mejorado y una tableta que se disolvía en agua proporcionando una bebida carbonatada. Además trabajé con ingenieros aeronáuticos y les recomendé, entre otras cosas, que el diseño del fuselaje y la forma de los aviones fuera menos cuadrada y más aerodinámica, usando como referencia la forma de las alas de los pájaros.

Los últimos años de mi vida los pase bastante aislada del mundo. Me comunicaba con frecuencia, pero solía hacerlo por teléfono desde mi casa. Finalmente, cuando mi tiempo se acabó, mi hijo traslado mis cenizas a Viena para que descansará allí.