Las razones de la decisión de llevar al niño y a la niña a la casita de niños y niñas pueden ser variadas, sean cuales sean las razones, el hecho de la incorporación a la escuela infantil por primera vez para un niño o niña entre 0 y 6 años traerá como consecuencia una serie de acontecimientos dignos a tener en cuenta.
Los profesionales de la educación infantil, basándonos en nuestra experiencia, damos gran importancia a este momento de la vida de los niños y de las niñas, pues supone para ellos un cambio fundamental. En este tiempo llamado periodo de adaptación observamos como cada niño, cada niña elabora internamente un difícil proceso, en el que se producen sentimientos ambivalentes.
Frente al conflicto interno que el niño o la niña está viviendo, ayudará la serenidad de los adultos que le cuidan, proporcionándole la seguridad y el apoyo que contribuyan a ir calmando sus temores.
La incorporación a la Casita, que es para el niño y la niña un lugar desconocido, produce en ellos sentimientos de perdida y abandono. De pérdida de su mundo familiar, donde se sienten seguros y queridos. De abandono, ya que no tienen aún a estas edades una noción temporal desarrollada. No comprenden cuando le decimos que mamá viene pronto.
Por otro lado, la Casita puede ser un lugar inquietante y a la vez llena sugerencias y propuestas atractivas que proporciona al niño y a la niña nuevas experiencias y relaciones, nuevos amigos con los que compartir juegos y afectos.
El niño y la niña necesitan tiempo, buenas experiencias dentro del centro, y comprobar que cada día suceden las mismas cosas, una tras otra, y que su familia siempre vuelve a buscarle, mostrándole su alegría por volver a encontrarse con ellos.
Todos los temores internos del niño y de la niña (inseguridad, angustia, miedo…) irán poco a poco desvaneciéndose. Expresar todos estos sentimientos es una reacción totalmente sana. De este modo la superación del periodo de adaptación se convierte en una conquista personal.
Con la incorporación a la Casita se integran en otra comunidad de iguales, con otros valores complementarios a la familia. En la Casita el niño y la niña aprende a formar parte de un grupo social, la escuela es un lugar donde aprenden a confiar, a sentirse seguros y cuidados, que van aceptando voluntariamente hasta que puedan llegar a disfrutar.
Cómo pueden expresar sus emociones

Cada niño y niña vive su proceso de adaptación de una manera individual, no existe un periodo de adaptación estándar, sin embargo, vamos a referirnos a las conductas más frecuentes pueden darse:
-Comportamientos de timidez, que no expresen sus sentimientos, que se muestren inhibidos
– Expresar tristeza, rechazo al educador y a los otros niños y niñas
-Rabietas, llantos en el momento de la entrada por la separación familiar
-La hora de la comida y la siesta suelen ser momentos en los que si los sentimientos se reavivan, pueden darse comportamientos de rechazo a la comida o negarse a dormir
-Fuera de la escuela, ya en casa, pueden darse conductas atípicas, como no querer separarse de los familiares más directos
– Pueden darse alteraciones en el sueño
– También pueden llegar a expresar sus conflictos a través del cuerpo con vómitos, dolor de tripa o incluso fiebre
Todos estos comportamientos irán desapareciendo paulatinamente, para ello necesitan tiempo y vivir buenas experiencias en el centro y en casa.
Una vez adaptado, el niño y la niña puede ofrecer y aceptar la comunicación afectiva con el educador o la educadora y con los otros niños y niñas. Jugar y utilizar los materiales y los espacios del aula con independencia y autonomía, sentirse seguros y expresar sus experiencias y emociones.
Cómo puede ayudar la familia en el proceso de adaptación

No se puede privar al niño y a la niña de que viva y elabore por sí mismo su proceso, de que haga sus propios descubrimientos y su propio aprendizaje, será difícil y observar toda su angustia, hará dudar de que si esto merece la pena
Se pueden producir en vosotros sentimientos ambivalentes: sentir el centro como algo bueno para el niño o la niña, sentimientos de culpa, por no poder cuidarlos, desconfianza ante la separación,… es conveniente aceptar y tolerar estos sentimientos como naturales y humanos y no negarlos.
Todos estos sentimientos son percibidos por el niño o la niña y tienen una gran influencia en su proceso de adaptación. Las expectativas que la familia tengáis respecto a la escuela y el grado de confianza en las posibilidades del niño lo determinarán decisivamente.
Es importante en esta etapa educativa mantener un intercambio entre la familia y la escuela, si queremos que la educación de los niños y las niñas sea coherente y significativa. Conviene valorar conjuntamente entre familia y educadores la evolución del proceso.
-Es conveniente, para ayudar al niño y a la niña en su proceso, escalonar los periodos de estancia en la escuela, siempre que esto sea posible.
– El familiar que acompaña al niño o la niña debe despedirse siempre, procurando que la despedida sea corta clara y evitando engaño o chantaje.
– Tratar de entender y aceptar los sentimientos del niño y de la niña como natural y expresarlo así para que se sientan comprendidos.