Psicomotricidad Vivenciada

En la etapa de Educación Infantil, el desarrollo psicomotor es fundamental para que se produzca un desarrollo armónico y sano. Por ello es de vital importancia contemplar y atender las necesidades de movimiento y exploración motora que impliquen al cuerpo en su totalidad. Partiendo de la visión del niño como un ser global, en el cual lo motriz, lo cognitivo y lo afectivo están unidos y la importancia del juego y el movimiento libre durante la primera infancia, la psicomotricidad vivenciada, basada en las ideas de Bernard Aucouturier, se presenta como un medio que favorece el desarrollo de todos los aspectos evolutivos de nuestros alumnos.

Desde el centro proponemos un espacio (la sala de psicomotricidad), un tiempo y unos objetos (módulos de gomaespuma, pelotas, telas…) que permiten el juego espontáneo y el movimiento libre de los niños y las niñas, partiendo de sus necesidades y de sus propios intereses. Durante estas sesiones los pequeños descubren su cuerpo, sus posibilidades y limitaciones, las primeras formas de relación y el paso del placer de hacer al placer de pensar, a través de la función simbólica y la descentralización.

Cómo llevamos a cabo las sesiones:

Las sesiones tienen una duración de 60 minutos aproximadamente y se dividen en diferentes fases:

Ritual de entrada: los niños entran en la sala y el adulto les invita a sentarse en una colchoneta y descalzarse. Nos saludamos, preguntamos cómo estamos y recordamos las normas básicas de convivencia. Se recuerda también que, un pequeño rato antes de terminar, la educadora avisará para comenzar a recoger los materiales.

Fase de expresividad motriz: el momento de actividad comienza derribando un muro (construido con módulos de espuma), momento en el que los niños pasan a la acción, favoreciendo con ello el desbloqueo tónico y la descarga emocional. A partir de aquí, juegan libremente (suben, bajan, ruedan, saltan…), vivenciando diversas acciones lúdicas de manera espontánea. Dependiendo del momento evolutivo en el que se encuentren, este juego será más o menos estructurado y manipularán los objetos de manera diferente, es decir, este juego se irá transformando según sus necesidades y preferencias. Cuando la educadora avisa de que este momento va a finalizar, los niños deberán comenzar a recoger los materiales con la ayuda y las indicaciones del adulto y procederemos a sentarnos de nuevo en la colchoneta.

Fase de la historia: una vez sentados, la educadora narra un cuento y volvemos a la calma, con ello fomentamos que los niños sientan determinadas emociones y estimulamos su representación mental. Este cuento no debe ser improvisado, debe ser coherente con el momento evolutivo en el que se encuentran.

Fase de expresividad plástica y gráfica: esta última parte de la sesión ofrece a los niños la oportunidad de pasar a otro nivel de simbolización, representando mediante diferentes formas de expresión, sus mundos imaginarios. Se invita a los niños a pasar a un segundo espacio, donde los niños pueden representar lo vivido mediante el dibujo o el modelado.

Ritual de salida: para finalizar la sesión, podemos cantar una canción de despedida.

Rol del adulto

Durante las sesiones, la función de la educadora no es dirigir, sino acompañar sus emociones con la voz y con su propio cuerpo. El adulto verbaliza sus acciones, conquistas y logros, respetando su juego y dando seguridad afectiva, emocional y física. Para que este acompañamiento sea óptimo, es necesario que el adulto conozca en qué momento evolutivo se encuentran los pequeños. Los niños necesitan ser mirados y acogidos como seres únicos y genuinos, protagonistas de su propio desarrollo.

Beneficios de la psicomotricidad vivenciada

Mediante la psicomotricidad, los niños juegan sus miedos y fantasías, exteriorizando sus vivencias y sentimientos en forma de juego. Algunos de los beneficios que aporta son:

– Ayuda a su maduración global.

– Fomenta la pertenencia al grupo.

– Favorece la confianza y seguridad en sí mismos

– Potencia capacidades como el autocontrol, la tolerancia a la frustración, el conocimiento de los límites de su propio cuerpo, tener en cuenta al otro (empatía), etc.