Es una propuesta educativa de los autores Javier Abad y Ángeles Ruiz de Velasco, concebida y desarrollada en sus libros: «El Juego Simbólico» (2011) y «El Lugar del Símbolo: el Imaginario Infantil en las Instalaciones de Juego» (2019) de la editorial Graó, descrita como la configuración de un contexto simbólico de relaciones que ofrece unos objetos específicos en un espacio transformable inspirado en la estética del arte contemporáneo y una fundamentación pedagógica que reconoce y da sentido al imaginario simbólico de la infancia acompañado y expresado a través del juego libre.
Es decir, un contexto de belleza creado como lugar de simbolización y relación (más allá de la manipulación y la experimentación) en el que la infancia puede expresar con confianza y seguridad todo lo que el juego espontáneo “moviliza” y forma parte de su mundo interior: deseos, afectos, emociones, inquietudes o temores.
Cuando todo ese mundo interior se muestra y comparte en la realidad externa (la Instalación de Juego), mediante la vida de relación con adultos referentes, el espacio, los objetos y el grupo de iguales, la infancia es más consciente de aquellos sentimientos, vínculos y afectos que las niñas y los niños pueden desarrollar e integrar gracias a las condiciones creadas.

Las instalaciones de Juego, desde una dimensión estética, simbólica y relacional, atienden las verdaderas necesidades socioemocionales de la infancia en situaciones de aprendizaje significativo a través de unos objetos mediadores que favorecen:
. El cuidado propio y de los demás a través del juego compartido y en bienestar.
. La construcción de la identidad como narración del yo en relación y metáfora de vida.
. La propia conciencia en el reconocimiento de la transformación simbólica de espacios y objetos.
. El desarrollo de la empatía y la confianza con los iguales y los adultos de referencia.
. El placer de Ser con otrosy la creatividad para explicar(se) el mundo en relación.
. El fomento de la autonomía para la expresión de sentimientos y conocimientos.
. La creatividad para narrar el propio relato y proponer nuevos órdenes y posibilidades.
. La experiencia estética para resonar desde la belleza y la bondad con los demás.
. La expresión del mundo interno o imaginario infantil desde la atención conjunta.




