Estamos en Semana Santa, y en este tiempo es de deleite un postre de los de toda la vida. Esos manjares surgidos de la escasez y de la imaginación de unas generaciones pasadas que con poco hacían mucho. Yo soy de los que apuesto por la comida tradicional, de los guisos a fuego lento, de los pucheros, de la dieta mediterránea y de todos esos productos ibéricos de gran calidad, como dice ese locuaz cocinero que todos conocemos «la comida con fundamento» y con sabor «rico, rico». Esta cocina no está reñida con hábitos saludables de alimentación, lo que quizá deberíamos cambiar son las comidas rápidas, bollerías industriales y el sedentarismo al que avanzamos.
La innovación y las nuevas técnicas culinarias son necesarias y nos hacen progresar, ahora sabemos muchas más cosas, la información alimentaria nos abruma, proteínas, vitaminas, hidratos de carbono etc… hasta a nuestros más pequeños en segundo de primaria ya se lo enseñamos.
Pero cuidado no perdamos el norte porque con tanta información, innovación, instrumentos de cocina, robots, dietas que proliferan como hongos, etc…. no lo hacemos mejor que nuestras generaciones pasadas. Creo que hemos perdido cosas fundamentales como la calidad en los productos y sobre todo el mimo y la dedicación en algo tan importante como es nuestra alimentación y sobre todo la de los más pequeños. Innovar sí pero con sentido común, con dedicación y con amor e implicación en lo que cocinamos y siempre pensando para quién lo hacemos.
Volviendo al comienzo, en nuestra cocina, la del Lorca junto con la empresa Comaibel, intentamos tener presentes éstas cosas y guiarnos por estos principios, tenemos suculentos platos de cuchara (cocido, lentejas, judías etc.. que reconfortan a un muerto, no faltan las verduras, pasta, pescados y carnes y no podemos olvidar los postres (bizcochos esponjosos que se levantan en el horno como si tuvieran vida propia, natillas y flanes caseros, leche frita, etc…. y llegando estas fechas, esas imperdonables torrijas. Para acabar os he ido explicando las cosas buenas de nuestro comedor y como os dije antes para hacer esto hace falta mucha paciencia y dedicación y el amor a las cosas bien hechas, sin escatimar esfuerzos, eso es lo que tienen y mucho nuestro equipo de cocina con su comandante Inés a la cabeza. Es de esas personas a las que todo le parece poco para satisfacer a sus comensales. La experiencia y la dedicación puestas a nuestro servicio haciéndonos felices a todos los que comemos a diario.
Darío de Luis Barroso

























