Reflexión del alumnado programa Erasmus +

Nuestro alumnado participante en el proyecto Erasmus + «Construyendo una ciudadanía europea» comparte una reflexión sobre su participación en el mismo tras regresar de un semana en Praga donde estudiaron la memoria democrática del país checo. Después de recibir en la Sierra Norte madrileña al alumnado del Gymnázium Jana Palacha y visitar lugares de memoria como el destacamento penal de Lozoyuela, la antigua DGS y espacios de la ciudad de Madrid relacionados con la Guerra Civil española, devolvieron la visita para acercarse a espacios de memoria checos como el campo de concentración de Terezín, el memorial de Lety, e pueblo de Lídice o las minas de uranio de Vojna.

Campo de Terezín

A continuación, nuestras alumnas Jimena y Violeta reflexionan sobre su experiencia:

Hacer un Erasmus suele significar “la oportunidad de tu vida”, pero para nosotras ha sido, además, un aprendizaje sobre otras historias. En una sociedad como la nuestra, en la que las pantallas pesan más que nuestra memoria, la verdad se confunde con la mentira y el silencio lo domina todo, es más importante que nunca hacer proyectos como este, hablar y recordar, porque no se trata solo de recorrer 2300 kilómetros, sino de cruzar los puentes que unen nuestro pasado y visibilizar las cicatrices de Europa.

Memorial de Lety

Nuestro viaje comenzó en Madrid, con la llegada del alumnado checo, lo que supuso una ventana abierta a un mundo de aprendizaje. Recorrimos las calles de una ciudad en la que aún se escuchan los gritos de la guerra y la dictadura, una historia repetida para los españoles, aunque igualmente necesaria, pero completamente nueva para los extranjeros. Durante esta semana nos dedicamos a desenterrar el pasado, nuestro pasado, a hacerlo visible, a contarlo. Nos encontramos ante un mundo de guerras, de horror y censura, un mundo donde, y citando a Orwell, “El pasado se borraba, se olvidaba la corrección y la mentira se convertía en verdad”, un mundo dominado por el miedo, un mundo sin libertad. Juntas caminamos por la memoria de nuestro país, ligándola con el presente para impedir que se disuelva. Aprendimos que la Guerra Civil Española, al contrario de lo que quieren que creamos, no fue un conflicto entre hermanos, sino una guerra de clases.

A medida que pasaban los meses, la ilusión por nuestro viaje a Praga fue creciendo, ya nos habíamos despedido de nuestros compañeros y no podíamos pensar en otra cosa que en volar, descubrir una ciudad nueva, reencontrarnos, recuperar esa ansia adolescente tan bonita como necesaria de aprender, de soñar, de dar respuesta a las miles de preguntas y descubrir el mundo que nos rodea y que, aunque oscuro, tiene mucho que ofrecer.

Llegamos a una ciudad distinta, nueva, pisamos un mundo diferente pero que nos acogió con los brazos abiertos y que, a pesar de nuestras diferencias, supo hacer que nuestra estancia allí fuera inolvidable.

No hay palabras suficientes para describir lo que significó este viaje para nosotras. Fue una experiencia única. Aprendimos a adaptarnos a otros modos de vivir distintos, como si saltáramos desde un acantilado sin ninguna certeza de que fuéramos a salir a flote. Pero la vida es eso, aprender a saltar.

Durante nuestra estancia descubrimos lo que no está escrito, aquello que no se puede leer en los libros, pisamos el mismo suelo que las víctimas de un pasado de caos y guerras. Nos contaron las historias de quienes no tenían voz y recorrimos los lugares de memoria de una ciudad que no olvida.

Todos los recuerdos que guardamos de este viaje siempre tendrán un lugar especial, donde no desaparecerán, porque no podemos permitir que el mundo divida y avance sin mirar atrás, para no caminar con pasos ciegos hacia un futuro que intentamos evitar”.

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