
El alumnado del IES La Cabrera participó en el acto institucional celebrado en Bustarviejo y que ha conmemorado la declaración de los lugares de los destacamentos penales de la línea Madrid-Burgos como lugares de Memoria Democrática. Andreea, Unai y Malena han leído un discurso que recoge alguna de las investigaciones que han realizado en el aula, en este caso centrada en la figura del penado Francisco Bajo Bueno.

«Buenos días a todos y a todas las que nos escuchan.
Entre estas piedras y estos caminos, durante los años cuarenta, hombres fueron sometidos a trabajos forzados. Pero nosotros no queremos hablar de una masa anónima de presos. Queremos poner un nombre, una historia, una cara. Queremos hablar de Francisco Bajo Bueno.
Francisco era un joven de Madrid. Al empezar la guerra civil se afilió a las Juventudes Libertarias, de las que llegó a ser secretario. Por ese cargo, recibió una condena de 12 años y un día. Salió en libertad condicional en 1942, pero tenía que presentarse cada mes en la cárcel de Porlier. Dejó de hacerlo porque la policía le buscaba: él intentaba reconstruir la CNT en la clandestinidad.
Fue juzgado de nuevo. En el expediente se dice que usaba el nombre falso de Francisco Navas Ramos, que alquiló un piso para instalar oficinas del Comité Regional del Centro. Por eso lo condenaron al Destacamento Penal de Bustarviejo.
Pero antes de llegar aquí, Francisco ya había conocido el horror de los campos de concentración. En 1939, al final de la guerra, fue detenido junto a su padre en la gran concentración de republicanos en Alicante. Les prometieron barcos para llevarlos al extranjero. Esos barcos nunca llegaron. Los sublevados los detuvieron y los enviaron al campo de Albatera.
Allí, un recinto cercado de alambrada, con vigilancia exterior y luz por la noche, diseñado para 3.000 reclusos pero que llegó a albergar, según algunos historiadores, entre 18.000 y 20.000 personas. Allí sufrieron hambre, sed, piojos, pulgas, chinches, mosquitos. Allí padecieron diarreas, sarna, paludismo y tifus. Su padre, Francisco Bajo Mateos, estaba allí como médico. Pero a Francisco, por ser menor de edad —tenía 16 años—, lo pusieron en libertad condicional.
Sin embargo, no se resignó. Siguió su lucha clandestina. Y por eso lo enviaron a Bustarviejo.
Y aquí, en este destacamento, Francisco Bajo Bueno protagonizó una de las fugas más audaces de la posguerra. Era médico en la prisión, lo que le daba movilidad. El 27 de abril de 1949, aprovechando un descuido de la vigilancia —a la una del mediodía, durante el recuento para la comida—, desapareció. Los funcionarios eran solo cuatro. Las condiciones de seguridad eran bajas. Él, con su habilidad, salió por la explanada y se ocultó. Lo más increíble es que, ya fuera, se cruzó con una pareja de guardias y fingió tener la libertad condicional para eludirlos.
Su madre, Encarnación Bueno, le ayudó a cruzar la frontera. Lo escondió en un camión de sardinas. Y así Francisco llegó hasta Marruecos, donde vivió hasta su muerte.
Francisco Bajo Bueno no se resignó.
No se resignó en Albatera, donde le liberaron por edad pero él siguió luchando. No se resignó en Bustarviejo, donde se fugó a plena luz del día. No se resignó al silencio ni al olvido.
Porque si él se enfrentó a una dictadura con fusiles, alambradas y años de cárcel, nosotros nos enfrentamos a un futuro incierto. Un futuro con crisis climática, con guerras cerca de Europa, con burbujas de desinformación que intentan dividirnos, con precariedad laboral y con discursos de odio que vuelven a levantar cabeza. No es la misma batalla, pero se parece: también hay quien quiere que nos quedemos callados, que no nos metamos, que miremos hacia otro lado.
Francisco Bajo Bueno no eligió la resignación. Nosotros tampoco podemos elegirla.
Por eso, al declarar este lugar como Lugar de Memoria Democrática, decimos que la memoria no es mirar atrás por nostalgia. La memoria es un impulso hacia adelante. Es saber que, si él pudo fugarse de un destacamento penal con un guardia despistado y un anzuelo de libertad condicional, nosotros podemos exigir un futuro más justo, más sostenible y más digno».

