Los Guardianes del cuento de Halloween

Dicen que hay días que dejan huella… y luego están los que dejan purpurina, olor a heno y una sonrisa que dura toda la semana. Así fue nuestro Halloween en el colegio: una aventura sensorial, mágica y llena de emociones que convirtió pasillos y aulas en un auténtico granero encantado. Y no, no fue un sueño (aunque bien podría haberlo sido): fue nuestra gincana educativa “Guardianes del cuento”, inspirada en el relato ilustrado La granja encantada, y diseñada especialmente para que todos nuestros alumnos y alumnas se convirtieran en protagonistas de una historia maravillosa.


1. Un granero que cobró vida.

Desde el primer momento, el colegio se transformó en otro mundo. Donde antes había aulas, aparecieron rincones llenos de misterio y encanto. El suelo crujía como si pisáramos heno de verdad (la cosa es que sí era de verdad), las luces titilaban como luciérnagas traviesas y, de fondo, los sonidos de animales parecían venir de un establo muy real.

Cada detalle estaba cuidado: telas, calabazas, luces suaves y objetos mágicos daban forma a una ambientación digna de película (más de Coco que de El exorcista, tranquilos, a pesar de unos y del regocijo de otras). Cuatro aulas se convirtieron en escenarios del cuento:

  • El árbol del búho, gracias a Estefi, que tuvo la generosidad de prestarnos el búho de su hija, y a Jenny, que se curró toda la decoración del aula. ¡Todavía no sabemos quién disfrutó más!
  • El bosque encantado de sonidos, donde cada ruido parecía tener vida propia.
  • El huerto mágico, una explosión de colores y sensaciones.
  • Y la pocilga misteriosa, un espacio lleno de olores… algunos dignos de mención y otros mejor dejar en el misterio.

En cada rincón, la decoración y los apoyos visuales ayudaban a nuestros chicos y chicas a comprender y anticipar lo que iba a suceder. Todo estaba pensado para que cada gesto, cada mirada y cada sensación contaran.


2. Érase una vez un cuento encantado.

La aventura comenzó con la narración del cuento El granero encantado. Lo presentamos como más nos gusta hacerlo: dramatizando, sintiendo y viviendo cada palabra. Entre signos bimodales, pictogramas, sonidos envolventes y muchas risas. De esta manera la historia cobró vida.

Nuestros protagonistas, el gallo Kiriko, la vaca Lola, la oveja Lucera y el cerdo Chancho, se enfrentaban a un hechizo que solo podía romperse encontrando tres objetos mágicos: una pluma dorada, una calabaza brillante y una piedra con forma de corazón.

Las aulas se sumaron a la historia con entusiasmo: cada grupo se disfrazó de un personaje (aunque con un toque de misterio y terror) y, por los pasillos, se cruzaban gallos con hechizos y encantamientos, ovejas hambrientas de cerebros, cerdos sedientos de sed y vacas fantasmales. Y entre ellos, los espantapájaros bailarines de EBO 1 y 3, que acompañaban a cada grupo con una energía contagiosa.


3. Que comience la aventura.

Divididos en pequeños grupos, nuestros guardianes del cuento se lanzaron a la búsqueda de los objetos mágicos. Cada grupo representaba a uno de los animales:

  • Infantil fue el gallo Kiriko.
  • EBO 2, la vaca Lola.
  • EBO 4, la oveja Lucera.
  • Talleres formativos: el cerdo Chancho.

Los espantapájaros de EBO 1 y 3 se encargaron de acompañar a todos, asegurando que nadie se perdiera ni una chispa de magia.

Marisa y Raúl, como auténticos directores de orquesta encantada, iban ajustando la gincana a las necesidades de cada grupo, resolviendo imprevistos y haciendo que cada paso fuera una experiencia adaptada, fluida y emocionante.

Las misiones eran claras: encontrar los tres objetos mágicos siguiendo las pistas sensoriales (luces, sonidos, texturas, olores) que guiaban el camino. Y sí, algunas pistas eran tan misteriosas que parecían obra de un duende con sentido del humor perverso.


4. Exploración guiada: los sentidos al poder.

En cada estación, la aventura continuaba. Había que tocar, escuchar, oler y observar. Cada textura, cada luz o sonido despertaba una reacción distinta: sorpresa, curiosidad, risa, emoción.

La búsqueda se convirtió en una fiesta de sentidos: seguir una luz azul, tocar un material rugoso, descubrir un olor nuevo (algunos… inolvidables). Y cuando aparecía uno de los objetos mágicos, el momento se celebraba con música, aplausos y la alegría desbordante que solo ellos saben contagiar.

No era solo una gincana, era un viaje sensorial y emocional. Un aprendizaje sin fichas, pero con muchas sonrisas.


5. El final del hechizo.

Cuando por fin se reunieron los tres objetos mágicos, todos nos congregamos frente al granero simbólico. Allí, con los corazones latiendo al mismo ritmo, colocamos la pluma dorada, la calabaza brillante y la piedra corazón.

Y entonces… ¡Zas! Una luz azul se encendió como si viniera directamente de una película de ciencia ficción, y la voz de Marisa resonó con solemnidad: ¡Vale! Venía del altavoz del pasillo, pero el efecto fue espectacular:

Gracias, guardianes del cuento. El hechizo ha sido roto gracias a vuestra magia y vuestro esfuerzo.

En ese momento, las cortinas se levantaron como por arte de magia o por manos humanas, que también tienen su encanto, y todos comprendimos que el verdadero hechizo estaba en ellos: en su capacidad de disfrutar, de conectar, de emocionarse. Porque, una vez más, son el auténtico rayo de luz capaz de espantar cualquier sombra, hechizo o fuerza maligna que se atreva a rondar por el centro. ¡Ni los espíritus con pena se atreven con ellos!


6. El photocall: risas, heno y buenos recuerdos.

Y como en todo buen cuento, había que inmortalizar el final feliz. Aprovechamos las puertas del granero para montar nuestro photocall.

Gracias infinitas a una mamá de EBO 1 que nos trajo las dos enormes balas de heno (aviso para navegantes: ¡no os sentéis con mallas, pinchan más que las matemáticas de primero de la ESO!). Y también a todas las familias que colaboraron trayendo objetos de Halloween para decorar el centro y que jamás volverán a sus casas.

Eso sí, el heno hay que devolverlo, que los caballitos lo están esperando con paciencia ecuestre.

Entre risas, disfraces y abrazos, cerramos una jornada que fue mucho más que una actividad: fue una celebración del juego, la imaginación y el poder de compartir.


7. Porque cada historia

Esta gincana no solo fue una fiesta de Halloween, sino una propuesta educativa que nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos. A través del cuento, del juego simbólico y de la estimulación sensorial, favoreciendo la comunicación, la atención, la anticipación y, sobre todo, el disfrute compartido.

Cada niño y niña participó desde sus posibilidades, encontrando su forma única de ser parte del relato. Porque en nuestro centro no hay papeles pequeños: todos son protagonistas.

Y, como en los mejores cuentos, el final no es un cierre, sino un nuevo comienzo. Ya estamos soñando con futuras aventuras, quizá en otro escenario, con nuevos personajes y misterios… pero siempre con el mismo espíritu: el de un colegio que cree que la educación también se escribe con magia.

Porque, al fin y al cabo, en nuestro granero encantado, cada gesto, cada mirada y cada historia merece ser contada.

8 comentarios sobre “Los Guardianes del cuento de Halloween

  1. Teresa

    Y que te puedo decir, que no hayas contado ya, ha sido un mes lleno de aventura y diversión, donde hemos estado todos implicados y como siempre lo hemos disfrutado porque ellos, lo han disfrutado. Muchas gracias Raúl 😘

    • Raúl Autor del artículo

      ¡Gracias a ti por esas palabras tan bonitas! 🌟
      La verdad es que lo mejor de todo ha sido ver cómo cada pequeño detalle se convertía en una experiencia compartida, y cómo la implicación de todos ha hecho que el mes tenga ese sabor especial. Al final, lo que más nos llena es comprobar que ellos disfrutan, porque ahí está el verdadero sentido de lo que hacemos.

      Un placer seguir sumando aventuras juntos, con la certeza de que cada momento compartido deja huella en todos nosotros.

  2. Cristina

    Una ginkana llena de aventuras sensoriales y misteriosas. Has plasmado toda la esencia y disfrute de ese día, donde lo pasamos fenomenal junto con nuestros chicos y chicas . Muchas gracias Raúl

    • Raúl Autor del artículo

      La verdad es que la ginkana salió tan misteriosa que por momentos parecía que estábamos en una mezcla entre Indiana Jones y Scooby-Doo 🕵️‍♂️🍿. Lo mejor fue ver cómo cada pista y cada reto se convertían en risas y descubrimientos compartidos, porque al final lo importante es que nuestros chicos y chicas lo vivieron con esa ilusión contagiosa.

      Eso sí… todavía estoy esperando que alguien me explique cómo conseguimos salir del “laberinto sensorial” sin mapa ni brújula 😅.

      Un placer seguir disfrutando juntos de estas aventuras. ¡La próxima, «El otoño ha llegado»,viendo y escuchando el cuento de hoy, promete aún más sorpresas! 🎉

      ¡Gracias a ti Cristina! 🙌

    • Raúl Autor del artículo

      Jajaja, esas vacas fantasmas fueron las estrellas inesperadas del día! 👻🐄
      Una pena lo de Oli, pero seguro que la próxima vez está desde el inicio con nosotros.
      Ya tenemos equipo casi completo para montar nuestra propia serie de aventuras escolares y contamos con Oli. 🎬✨
      Un abrazo enorme, ❤️

  3. Irene Pérez Silva

    Hola!!! Es increíble!! Os superáis con cada fiesta!!! Qué bonito veros disfrutar juntos
    Gracias y a por la próxima 💪🏻
    Besitos para todas esas ovejas, vacas, gallos y granjeros 🥰🥰

  4. Raúl Autor del artículo

    ¡Muchas gracias por tu mensaje! 🙌

    Cada fiesta es especial porque la vivimos juntos y porque la ilusión de los chicos y chicas nos contagia a todos. Es un verdadero regalo ver cómo disfrutan y cómo las familias acompañáis con tanto cariño.

    Ya que mencionas a las ovejas, vacas y gallos… La siguiente actividad creo que va a estar ambientada en la Granja de Minecraft 😝

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