El pasado jueves 4 de junio, el colegio colgó la bandera negra, se ajustaron los parches en el ojo y cambiamos los bipedestadores, colchonetas y el día a día en el aula por mapas del tesoro. No nos andemos con rodeos: en este centro, cada día es una aventura, pero lo de esta jornada fue un abordaje en toda regla a los sentidos de nuestros guerreros y guerreras de agua dulce. De la mano de nuestras capitanas Maritere y Noemí, nos embarcamos en la odisea del «Pirata que olía a sardina«. Una travesía diseñada no solo para arrancar carcajadas, sino para sumergir a nuestros valientes grumetes en un mar de estímulos somáticos, vibratorios y, sobre todo, afectivos. Agárrense los cabos, que zarpamos.





Érase una vez un pirata que (casi) se ahoga en su propia tozudez
Todo comenzó con el relato de un capitán terrible, gruñón y con una tripulación que mantenía una relación bastante conflictiva con el agua y el jabón. Para qué engañarnos, eran unos guarros de cuidado. Cuando el capitán cayó al mar por accidente y se quedó afónico de tanto gritar, la doctora no se lo pensó dos veces: ¡limonada para recuperar la voz! Pero el remedio fue casi peor que la enfermedad: barbas pegajosas, moscas revoloteando y una crisis institucional a bordo que solo se resolvió al grito de «¡Agua y jabón!».
Este cuento no fue una simple distracción. Detrás de las peripecias del pirata Sardina y el grumete Guzmán, nuestras docentes tejieron una red de contenidos vitales: la importancia de la higiene corporal, el cuidado de la voz sin necesidad de gritar y, por encima de todo, el valor incalculable de la cooperación. Porque en este barco, al igual que en nuestro colegio, nadie navega solo. Tras el visionado, unimos nuestras voces para cantar a pleno pulmón la versión de Mariana Baggio de Los piratas. Una vez calentados los motores y activados los corazones, comenzó la verdadera acción.

La bitácora de las cinco misiones (y una que se tragó el dios Cronos)
1. Somos muy sucios (pero con mucho arte)
La primera parada nos obligó a mancharnos, que es como mejor se aprende. Armados con pintura de un azul intenso, nuestros alumnos se lanzaron a plasmar el océano. Aquí no hubo pinceles convencionales: se pintó con las manos, con los pies y con cualquier superficie que permitiera experimentar el tacto frío y fluido de la pintura. Esas cartulinas no se perderán en el olvido; ya están guardadas a buen recaudo porque formarán parte del decorado de nuestra gran traca final de curso. “La batalla naval del Despertar”.



2. El lavado del pirata: ¡A frotar toca!
Como era de esperar, tras la tormenta de pintura azul, nuestros grumetes quedaron, digámoslo de forma elegante, finos matutinos. Así que, enlazando directamente con el mensaje del cuento, pasamos al plan de choque higiénico. Los barreños se llenaron de agua templada y montañas de gel. Sentir el agua correr, el roce de unas manos con otras y el aroma a limpio se convirtió en una experiencia sensorial en sí misma. Había que ponerse guapos y guapas, que el viaje continuaba.






3. La limonada vibratoria de los corsarios
Olvidaos del chocolate por un momento. Esta vez nos decantamos por el ácido y el movimiento. Con los limones listos y el exprimidor eléctrico en marcha, nuestros chicos experimentaron la presión de las manos de las tutoras guiando las suyas, sintiendo la vibración enérgica del aparato dando vueltas. Risas, ojos abiertos como platos ante el zumbido y mucha expectación. Y sí, tuvimos auténticos valientes que se atrevieron a probar el resultado. ¡Pura estimulación somática y gustativa no apta para paladares aburridos!







4. La montaña de espuma de la capitana Maritere
Esta misión, propuesta por nuestra infatigable capitana, fue el éxito absoluto de la jornada. Una propuesta táctil, visual y olfativa que resultó sumamente atractiva para el alumnado. La textura etérea de la espuma deshaciéndose entre los dedos generó momentos mágicos.
Por cierto, la capitana nos ha prometido dejar los ingredientes secretos de esta pócima de espuma en los comentarios, así que estad atentos.




5. El tesoro de Cádiz (y el dilema del chocolate)
¿Qué es una historia de piratas sin un botín? Gracias a la bandeja sensorial rellenable del pirata Calvorota, enterramos en arena fina —traída directamente desde las playas de Cádiz por la grumete Merlo (no hagáis preguntas de logística)— un tesoro de monedas de chocolate. La lucha fue encarnizada y sin cuartel. Descubrimos una gran verdad universal: la cantidad de monedas de chocolate que nos caben en las manos es infinitamente menor que las que nos caben en el estómago. Ya os lo decimos nosotros por experiencia.




Una tripulación imbatible
No podemos llegar a puerto sin rendir cuentas con quienes hacen posible que este barco flote cada día. Un agradecimiento inmenso a las familias. Os pedimos elementos piratas con un margen de tiempo irrisorio (somos conscientes), y una vez más, nos disteis una lección. Trajisteis a vuestras criaturillas listas para el abordaje. No importa cuántos temporales os pongamos por delante, siempre respondéis con el corazón por bandera que tuviera un par de tibias y una calavera.
Y, por supuesto, un aplauso de los que hacen época para las capitanas Maritere y Noemí, las auténticas comandantes de esta maravillosa locura. En este colegio tenemos claro que nuestro mejor tesoro no es de oro, ni está escondido en un barco hundido en el fondo del mar. Nuestro verdadero tesoro es el esfuerzo compartido, las barreras que derribamos juntos y la capacidad de transformar el día a día en una «fiestecita» para los sentidos.
¡Hasta la próxima aventura, marineros!

¡Al abordaje mis piratas valientes! Nada se nos resiste, conquistamos todo lo que se nos pone por delante!!! nos hicimos con los estímulos que nos fuimos encontrando en nuestra invasión. Muchas gracias a los tres capitanes ( Raúl, Maritere y Noemí) por embarcarnos en esta nueva aventura llena de sensaciones.
Pues espera, Cris, que nos queda la última actividad del curso. 😎
Que se vayan preparando las almirantes, los y las grumetes de cada clase.
Se acerca el abordaje final, caiga el navío que caiga.
Contramaestre de cubierta. ¡Arriad las velas!
¡Grumetes! ¡Listos los garfios! …
¡Al abordaje!
¡SIN CUARTEL!
Gracias por todas las actividades que preparasteis, las disfrutamos un montón, todas fueron muy estimulantes. Estamos deseando que llegue esa última para vivir a tope ese abordaje final.
Marisa, ve preparando las gafas de piscina, el bañador, las pistolas de agua y todo lo necesario para pasar una velada lo más pirata posible.
Porque no hay tesoro en este mundo que valga más que la libertad (Jack Sparrow).
Menuda fiesta pirata!!! Muchas gracias por hacer q nuestros chicos se lo pasen en grande. Un abrazo enorme
¡Muchas gracias a ti también! No sabéis lo reconfortante que es ver a familias que leéis el blog y además tenéis un momento para comentar.
Pero la verdadera fiesta pirata es el viernes 19 de junio; esto solo fue el aperitivo.
Otro abrazo para vosotros también.