BDP
Mi barrio siempre ha sido tranquilo. Desde pequeño podía pasarme horas y horas en la calle jugando al fútbol con mis amigos o simplemente pasando la tarde en un banco. Mis vecinos siempre han sido muy agradables, me dan los buenos días cada vez que salgo del portal a comprar el pan. Al salir a pasear al perro siempre me acompañaba mi vecino del cuarto. Él ya tenía una edad pero se apuntaba a todo lo que le era propuesto con tal de salir de casa un rato.
Hace unos días desapareció, y nadie le ha vuelto a ver.
Estaba volviendo a casa del instituto. Me estaba organizando mentalmente todos los trabajos que tenía que hacer. Estábamos en época de exámenes y en bachillerato ya hay que sacar buenas notas.
Saludé al grupo de vecinas que había siempre en la puerta cotilleando como viejas del visillo. Como cada día, miré si había llegado el correo. Recogí las cartas del buzón y las subí a casa. Mis padres no habían llegado todavía.
Tenía de comer tortilla, mi comida favorita. Mientras la degustaba vi que yo había recibido una carta, lo cual estaba fuera de lo normal. Miré quién era el remitente. ¿El vecino del cuarto? La abrí rápidamente.
“Querido Felipe, si estás leyendo esto es que algo malo acaba de ocurrir. Necesito tu ayuda. Irás a la boca de metro de Avenida de la Ilustración. Allí encontrarás a mi amigo Ernesto. Pregúntale por mí, él sabrá dónde llevarte. Respóndele BDP.
-Benito”
No entendía nada, ¿acaso sabía lo que le iba a ocurrir? Recogí la mesa y me dispuse a ir hacia allí. Al llegar a la boca del metro encontré al vagabundo de siempre pidiendo dinero.
-¿Ernesto?- le pregunté.
-¿Quieres algo?-tenía una voz exageradamente grave.
-Yo… venía a hacerte unas preguntas de Benito, mi vecino del cuarto-
-¿Vienes de su parte? Responde a la pregunta.-
-BDP- dije recordando la carta. Movió la cabeza en gesto de afirmación.
-¿Qué quieres saber muchacho?-
-Recientemente he recibido una carta. Me pidió que te preguntara sobre lo ocurrido- expliqué.- ¿Cuándo le viste por última vez?-
-Vino a saludarme el domingo pasado, después de misa. Le noté raro, más serio de lo normal- Ese era el día en el que había desaparecido. Miró hacia arriba y suspiró.-Tu vecino era un buen hombre, no sabía dónde se metía. Hace muchos años tuvo serios problemas- Siguió.-Yo no puedo contarte nada muchacho, hace mucho que no sé de su vida-
– Pero… él me mandó con usted- le dije
-Se fue a comprar, como siempre, a la churrería de los Arcos. Sólo sé eso-
Me monté en un autobús hasta el final de la calle Fermín Caballero. Luego bajé la cuesta para ir a la churrería. El hombre atendía rápidamente.
-¿Qué quieres?- señaló a los churros y porras que tenía expuestos en el mostrador.
-¿Sabe usted a dónde fue un hombre el domingo pasado? Un hombre de unos setenta años, de ojos azules, pelo gris… Solía comprar aquí- interrumpió
-¿Don Benito? Es un hombre excelente, siempre pregunta por mis familiares. Se fue al parque de la Vaguada, dijo que vería a una amiga-
-Gracias-. Fui caminando hasta allí. La busqué con la mirada, no sabía cuál era su aspecto. Vi a una mujer elegante sentada en un banco mirando fijamente al lago. Aparentaba la misma edad que mi vecino.
-Perdone-giró la cabeza hacia mí bruscamente-¿Conoce usted a Benito?-
-Sí, era un gran amigo mío-respondió.
-Vengo a preguntarle sobre lo que pasó –
-No sé lo que pasó- dijo con un tono cortante.
-¿BDP?- Se sorprendió.
-¿Te manda él?- afirmé con la cabeza.
-Estuve con él ese día, estaba preocupado, se le notaba. Me dijo que encontró una nota en la puerta de casa unos días antes-
-¿Qué ponía?-
-No me lo quiso decir. Para no meterme en problemas. Dijo que iría a resolver unos asuntos y se marchó. Luego le ví donde estaba el antiguo mercado de la plaza hablando con un hombre alto. Alguna vez les he visto fumando un cigarro después del almuerzo-.
Fui hacia el sitio que me había dicho, estaba cerca de mi casa. Mi madre solía comprar ahí antes de que lo cerraran. Vi al hombre en el portal de al lado, era como me había descrito. Le conté lo que había pasado. Parece que “BDP” era un código para hacerlos hablar.
Me contó lo que ponía en la carta. “Todavía tenemos una deuda pendiente”. Benito había estado en una banda de barrio, del Barrio del Pilar. Al igual que Ernesto, la mujer del parque y el hombre del cigarro. Me explicó que hace años se metían en problemas y él era el jefe de Benito así que pensó que podría ayudarle. Sin embargo, hace años que no sabían de aquella banda.
Me despedí del hombre agradecido y me marché a casa. Le pregunté a las vecinas de la puerta de mi portal si habían visto algo raro el domingo.
-Vino un hombre en la madrugada. Bajito y calvo. Nunca le había visto-.
-¿Y Benito? ¿Le viste salir de casa?-
-Salió como todas las mañanas de domingo. Lo extraño fue cuando salió a dar una vuelta tan tarde él solo. Se le cayó esto del bolsillo-
Era una tarjeta de metro con un postit pegado que ponía BdP subrayado con un color morado.
-¡El metro del barrio del Pilar!-exclamé.
Benito habría preparado eso antes de salir de casa para poder averiguar a dónde iba. Y como trataría de un tema ilegal no querría que la policía lo supiera. Fui rápidamente al metro, y con ayuda del vigilante lo buscamos en cada sala. Finalmente, ¡ahí estaba! Era un cuarto oscuro, le habían dejado encerrado. Benito saltó a mis brazos como agradecimiento y me susurró al oído:
-Gracias, me has salvado. Sabía que lo conseguirías.-
De camino a casa pasamos por la vaguada y me invitó a cenar en el VIPS. Mi restaurante favorito.
Me estuvo explicando que su juventud fue complicada pero que con trabajo y esfuerzo consiguió salir de ahí. Sin embargo, le quedaron deudas con uno de la banda contraria, que tendió una trampa para dejarle encerrado.
Después de aquello no volvió a suceder nada, el barrio volvió a ser tranquilo, como siempre.
Alicia Ponce (1Y Bach.). Primera finalista en Antoniorrobles. Modalidad cuento
