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La Escuela Central de Idiomas de Madrid fue creada por Real Orden de 2 de enero de 1911, siendo Presidente del gobierno el liberal José Canalejas. Aunque la enseñanza de idiomas modernos ya contaba con antecedentes en la primera mitad del siglo XIX, la creación de un centro público que tuviera una finalidad tan específica no fue posible hasta que el país logró cierta estabilidad política.

«Fue en esos momentos de cierta estabilidad política, bajo la monarquía parlamentaria diseñada por Canovas del Castillo, cuando se consideró necesario proporcionar a la juventud instrumentos de trabajo adecuados para practicar actividades de índole mercantil e industrial, cuyo ejercicio hacía indispensable el conocimiento de lenguas modernas. Asimismo, el cambio de siglo fue testigo de la creación en 1900 de un ministerio independiente de Instrucción Pública, que aportó un anhelo de europeización muy vivo en la juventud del momento y que, por lo tanto, acrecentó su deseo de aprender otros idiomas. Por todos estos motivos, el día 1 de enero de 1911 se publicó la Real Orden que regulaba el funcionamiento de la Escuela Central de Idiomas, y establecía la enseñanza de los idiomas alemán, francés e inglés.»

Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: La enseñanza de las lenguas extranjeras en España.

 

El ideario de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), creada en 1876, había influido considerablemente en los políticos de la época. Así, en el periodo de 1910 a 1914, se crearon varias instituciones relacionadas con la ILE  (Residencia de Estudiantes, Centro de Estudios Históricos, Residencia de Señoritas, etc.) y otras que, sin estar directamente vinculadas a ella, representaban el mismo espíritu de apertura al exterior a la vez que intentaban elevar el nivel cultural del país y satisfacer la demanda de una sociedad activa que requería más y mejores instituciones educativas. Uno de estos centros fue la Escuela Central de Idiomas, que comenzó siendo un ensayo entusiasta y acabó convirtiéndose en un centro de referencia en la enseñanza de lenguas modernas.

El Ministerio de Instrucción Pública encargó la organización y dirección de la escuela a José González – Olivares y Molina, catedrático de lengua alemana de la Escuela Elemental de Santander desde 1900. Mantuvo el cargo durante los primeros cinco años, hasta que finalizó la etapa de organización. Fue entonces cuando el ministerio consideró conveniente nombrar director a uno de los profesores del claustro, Ángel de Luque y Calvo, anterior secretario, profesor de inglés y conocido periodista, que estuvo en el cargo hasta 1920.

En un primer momento, se establecieron las enseñanzas de alemán, francés e inglés, pero en solo seis meses hubo que ampliar a español para extranjeros (entonces llamado Lengua y Literatura castellana) y árabe vulgar para conseguir de manera efectiva la expansión comercial en Marruecos. Poco después se comenzó a impartir también italiano y portugués e incluso se dieron clases gratuitas de esperanto.

Los profesores contratados a 1 de enero de 1911 eran profesionales de reconocido prestigio que compaginaban su trabajo en la escuela con otras obligaciones, ya que solo cobraban 2.000 pesetas al año. Algunos eran docentes de otras instituciones, otros ejercían su profesión como ingenieros, abogados, periodistas, etc.

Hubo también desde el principio profesores extranjeros  con contratos que se prorrogaban cada seis meses y por los que cobraban 1.000 pesetas.

El interés de la población por las enseñanzas de la escuela fue evidente: en una ciudad como Madrid, que apenas superaba los 600.000 habitantes, se matricularon el primer año 431 estudiantes y en poco más de cinco cursos el número de alumnos superaba el millar.

«En 1911 era ya una realidad la necesidad de que en España se formara una población con conocimientos de idiomas  necesarios para el imperioso desarrollo cultural de la época. Fue entonces cuando D. Julio Burell, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, decidió crear la Escuela Central de idiomas, institución de carácter especial, con desenvolvimiento económico y con una forma de planteamiento que no acotaba las enseñanzas a determinados y más favorecidos estratos sociales, sino que se abría a todos cuantos buscaban aprender un idioma como instrumento para la vida social y laboral.»

Documental Homenaje a los Directores (ACDI)

 

La consolidación de la institución comenzó a principios de los años 20 con el nombramiento de uno de sus directores más destacados: Rodolfo Gil Fernández, político, periodista y profesor de italiano desde 1915.

Durante estos años el Ministerio de Instrucción Pública decidió adscribir la Escuela a la Universidad Central con el fin de suministrar profesorado adecuado para impartir las asignaturas de los recién creados Institutos de Idiomas. Unos años antes, en  1924, el Directorio Militar de Primo de Rivera había reconocido ya la labor que prestaba la escuela a la sociedad española y decidió eximirla del régimen de amortización de personal que estaba vigente para todos los centros docentes. Llegó incluso a permitir una ampliación de plantilla al crear un nueva cátedra de Castellano.

EducaMadrid, Plataforma Educativa de la Comunidad de Madrid