El pasado 11 de mayo, Irene (4º ESO) recibió el premio como ganadora del Certamen de Narrativa Antonio Robles en el Centro Cultural de La Vaguada el 11 de mayo, acompañada de sus padres.
¡Enhorabuena a Irene y muchas gracias a todos los alumnos participantes! Estamos muy orgullosos de vuestro magnífico trabajo.

PRIMER PREMIO RELATO
GUÍAS DEL FIRMAMENTO
– “¿Es seguro salir ya?”-
Puedo entrever en la distancia el mensaje que deletrean los destellos. Sin embargo, un simple vistazo a mi periscopio indica el peligro que aún acecha.
– “No hasta dentro de unas horas. El sol aún no se ha puesto.”-
La respuesta no es bien recibida, a juzgar por los resplandores rojos que empiezan a surgir a lo lejos, pero todos sabemos que es necesario asegurarse de que no haya peligro antes de salir. Ese es mi trabajo, después de todo. Una vez los demás apagan sus linternas, vuelvo a observar la superficie.
La Tierra cambia, y así lo hace la vida. Por suerte o por desgracia, los humanos somos capaces de influir en estos cambios, transformando el planeta a nuestra voluntad. Creamos, modificamos y destrozamos, nunca listos para pensar en las consecuencias de nuestros actos y sorprendiéndonos cuando llegan. Nuestros ancestros nos dejaron un mundo decadente y nos pidieron que volviera a florecer. No lo conseguimos.
Ellos pensaron que era el fin. A veces creo que debió haberlo sido.
Es difícil no pensar de esta forma cuando te encuentras completamente solo y rodeado de azul. Por supuesto que ha habido muchos cambios para bien, muchísimos incluso, pero hemos tardado tanto tiempo en asimilar nuestra nueva vida que parecen simples nimiedades.
Sigo sumergido (cómo no) en estos pensamientos cuando advierto el cambio de temperatura a mi alrededor. Ya es noche cerrada. Por supuesto, tenía que quedarme ensimismado en el trabajo. Maldiciendo por lo bajo, doy la señal para emerger esperando que nadie haya notado el retraso y salgo al exterior. Es hora del espectáculo.
Uno a uno, los submarinos de mis compañeros aparecen en la superficie. El sonido de la espuma que dejan a su paso es lo único que se escucha en la noche, y poco después vuelve a ceder el paso al silencio.
Es en ese momento cuando la tripulación inicia su canto.
Comienzan despacio, con cuidado, pues nunca estamos completamente a salvo de aquellos que surcan los días. Lentamente, la duda se desvanece ante la confianza, y el apagado rumor se convierte en una hipnótica cantinela para trabajar al unísono.
Las naves emprenden una danza rítmica en círculos que se amplían cada vez más, formando grupos que se deslizan en un único movimiento orbital. Los compañeros que siguen aún en el casco de las naves entrelazan cables que, una vez conectados, liberan brillantes flotaesferas, unidas por finos hilos metálicos, que sostienen y elevan los Guías del Firmamento. Estos enormes espejos redondos, fragmentados en miles de pequeñas piezas, se extienden hacia el cielo nocturno capturando la luz de la luna, descomponiéndola en incontables puntos y expandiéndola en todas direcciones. Los deslumbrantes reflejos argénteos crean un extraordinario despliegue de luces y sombras danzantes que cautiva a todo aquel que lo ve.
El hipnotizante espectáculo no dura mucho, pues mis camaradas, con gran destreza y aún cantando, pliegan los Guías del Firmamento hacia un único punto de enfoque, concentrando la luz en su centro. Desde allí, la luz condensada baja a través de los cables conectados a los espejos, conduciendo el fulgor blanquecino hacia las profundidades del océano.
Aún queda mucho que hacer antes de regresar (sigo en mi puesto de vigía, después de todo), pero me permito unos últimos momentos de descanso mientras observo el lejano resplandor dirigirse a mi hogar.
Contemplar esta recogida de luz cada noche hace que mi trabajo merezca la pena de verdad. Sé que el destello que he ayudado a atrapar tendrá un propósito vital en nuestra nueva forma de entender el mundo. Durante su camino hacia el Tanque Lunar que abastece de energía nuestra pequeña aldea submarina, la luz de luna alumbrará el viaje de múltiples criaturas en su búsqueda de alimento y abrigo. Una vez llegue al depósito, se extenderá por los conductos de nuestras calles, llenando de vida y color cada rincón y convirtiéndose en nuestra defensa contra las sombras y sus moradores. Los caminos y jardines subacuáticos seguirán engalanados con su brillo plateado, que servirá además de faro para los exploradores del fondo marino.
Es la base de nuestra forma de vida, nuestro resguardo y la belleza de nuestro hogar. Así lleva ocurriendo desde que el mar nos acogió, desde que desapareció la capa que protegía nuestro planeta y el astro solar se convirtió en nuestro enemigo. Quizá no hayamos conseguido recuperar el planeta que disfrutaron nuestros antepasados, pero el mar que en su día nos dio vida vuelve a ser el origen de la nueva humanidad.
Seguiré trabajando noche tras noche, vigilando este extraordinario proceso de recolección mientras mi vista aguante. La maquinaria se despliega nuevamente; se vuelve a escuchar el cántico. La luna observa mientras su tenue luz se deja atrapar por los Guías del Firmamento.
Irene Morales Pino.
