PROGRAMA DE PREVENCIÓN DEL ACOSO

En la etapa de Educación Primaria, no solo es fundamental el desarrollo cognitivo y académico de los niños, sino también su crecimiento emocional y social. La educación de las emociones y de la convivencia adquiere una relevancia crucial para formar individuos capaces de interactuar de manera positiva con los demás y contribuir a una sociedad más armoniosa.

Aprender a identificar, comprender y manejar las propias emociones de manera saludable es esencial para prevenir comportamientos distorsionados como la agresividad, el aislamiento o la ansiedad. Cuando además de esto, se busca un espacio en el que enseñar de manera explícita qué es el mal trato, la autorregulación, cómo transmitir un problema con asertividad y cómo desarrollar la empatía, se reducen los conflictos y se mejora el bienestar general.

En el año 2017 el CEIP Chozas de la Sierra decidió embarcarse en la formación de sus docentes en el programa KIVA de Finlandia. Durante varios años tuvimos financiación para tener el programa en el centro y esto nos ha enseñado a abordar las situaciones de convivencia desde la vertiente más educativa. Pero, ¿qué es KIVA?

KIVA es un programa contra el acoso escolar creado en 2006 en Finlandia. Aunque Finlandia tiene un sistema educativo reconocido por su excelencia, sus estudiantes se enfrentan a las mismas situaciones de acoso que en otros países. La preocupación por el incremento de casos de acoso llevó al Ministerio de Educación finlandés a encargar a un grupo de expertos en psicología infantil y acoso escolar el desarrollo de un programa específico para abordar la situación.

KIVA está basado en prevenir en vez de curar. Pone el foco en evitar que la violencia sea la vía de resolución de conflictos y empieza a trabajar en esto desde que los alumnos son muy pequeños. Se trabajan distintos contenidos y se realizan juegos, actividades y trabajos, en función de la edad de los alumnos para sensibilizar sobre el acoso y sus consecuencias. Se abordan diferentes aspectos del conflicto.

A través de este trabajo los alumnos aprenden a identificar qué es mal trato y, por ejemplo, a través de actividades de rol y juegos cooperativos, los alumnos practican cómo resolver problemas de manera pacífica y cómo expresar sus necesidades sin recurrir a la violencia o al retraimiento. Se trabaja la diferencia entre “chivarse” y “denunciar la injusticia”.

Desde este espíritu heredado, de prevención y gestión de estos problemas, en el centro existe un equipo formado por distintos profesionales del centro, entre los que se encuentra el Coordinador de bienestar, que ante situaciones susceptibles de maltrato ACTÚA. Y, actúa, sobre quienes, por acción u omisión, colaboran en la violencia, en lugar de centrarse en la relación entre víctima y supuesto maltratador. Es decir, implica en la resolución del problema a los testigos del maltrato: compañeros y compañeras que ríen las situaciones de confrontación o a los que evitan implicarse por miedo o por cualquier otra razón.

El objetivo principal es evitar que las situaciones de maltrato se normalicen, se vivan como algo “divertido” y, por tanto, se permitan. Al evitar que los testigos sean cómplices, el que maltrata pierde la posición de poder con la que siente que su conducta queda avalada en el grupo.


Con estas pequeñas “píldoras de formación” que reciben en clase y la intervención del equipo cuando es necesario, se consigue influenciar en los alumnos para que identifiquen estas actitudes como un error y se rechacen estos comportamientos. Esta manera de actuar les ofrece una oportunidad para que entiendan lo que están haciendo y desistan de hacer o de apoyar estas acciones.

Implica, como hemos dicho, un seguimiento por parte del equipo, de los avances que se vayan logrando, lo que supone en si una actuación de modificación de conducta que de no resolverse acabaría en la activación de un Protocolo de Acoso y posiblemente, en Fiscalía.

En nuestro centro, creemos que es importante que los niños comprendan qué se espera de ellos en términos de comportamiento. Tener expectativas claras y consistentes ayuda a los niños a desarrollar un sentido de responsabilidad y auto-disciplina. Saber cómo comportarse en diversas situaciones sociales no solo mejora la convivencia en el aula, sino que también prepara a los niños para futuros entornos sociales y laborales.

Establecer normas claras y comunicar, desde el amor, pero con firmeza, las consecuencias de no seguirlas es esencial. Los profesores trabajan contenidos relacionados con la convivencia y la prevención del acoso, emplean métodos como el refuerzo positivo para fomentar comportamientos deseables, y realizan asambleas de clase para discutir y reflexionar sobre las normas de convivencia. De este modo, los niños entienden la importancia de seguir las reglas y el impacto de sus acciones en los demás.

En conclusión:
La educación de las emociones y de la convivencia en la Educación Primaria es un pilar fundamental para el desarrollo integral de nuestros niños. Fomentar la educación emocional y establecer expectativas claras de lo que se espera de uno, no solo contribuye a una mejor dinámica en el aula, sino que también sienta las bases para una sociedad más justa y empática. Invertir en la educación de la convivencia es apostar por un futuro donde los individuos sean capaces de convivir en armonía.